El castillo

Chambord es una obra de arte excepcional

La propia expresión del Renacimiento

1519. Un palacio surge en el corazón de las tierras pantanosas de Sologne. Francisco I, muy joven rey, ordena su construcción. El castillo de Chambord no está diseñado para ser una residencia permanente, Francisco I solo pasa aquí unas semanas. Es una obra arquitectónica monumental que al rey le gusta mostrar a los soberanos y embajadores, como símbolo de su poder, grabado en la piedra. El plano del castillo y sus decoraciones fueron diseñados alrededor de un eje central: la famosa escalera de doble hélice, inspirada por Leonardo da Vinci, espiral ascendente que conduce a las numerosas chimeneas y capiteles esculpidos, a partir de las terrazas.

El final de las obras en el siglo XVII

Cabe esperar el reino de Luis XIV para que el edificio esté, por fin, terminado. Fue también en esta época que se acondicionan las inmediaciones del castillo. Se construyen cuadras al exterior del castillo y el río Cosson, que atraviesa el parque, se canaliza en parte para sanear la zona. El Rey Sol reside en varias ocasiones en el monumento, en compañía de su corte. Estas estancias brindan la oportunidad para grandes cacerías y distracciones. Molière presenta por primera vez en Chambord su famosa comedia El burgués gentilhombre, en 1670.

Las ordenaciones del siglo XVIII

En el siglo XVIII, se emprenden obras para acondicionar el interior del castillo. Luis XV dispone del castillo para alojar sucesivamente a su suegro Estanislao I Leszczynski, rey de Polonia exiliado entre 1725 y 1733, y posteriormente al mariscal de Sajonia, en recompensa por su victoria militar de Fontenoy (1745). La necesidad de aportar calidez y comodidad al edificio, anima a los diferentes ocupantes a amueblar, de forma permanente, el castillo y hacer instalar en los apartamentos boiseries, parqués, falsos techos y pequeños gabinetes.

En el siglo XIX: un castillo privado

Chambord se salva relativamente de la Revolución; el castillo fue saqueado, el mobiliario vendido, pero el monumento se libra de la destrucción. Luego conoce un periodo de abandono, antes de que Napoleón lo done, en 1809, al mariscal Berthier, en agradecimiento por sus servicios. Éste último solo hace una breve estancia y su viuda pide rápidamente la autorización de vender esta inmensa residencia en mal estado. El conjunto del dominio de Chambord fue posteriormente regalado, en 1821, por una suscripción nacional al duque de Burdeos, nieto del rey Carlos X. Los acontecimientos políticos que le condujeron al exilio no le permitieron vivir en su castillo. Solo lo descubre en 1871, con motivo de una breve estancia durante la que redacta su famoso “Manifiesto de la bandera blanca”, por la que rechaza la bandera tricolor y, por ende, renuncia al trono. A distancia, sin embargo, el conde de Chambord está atento al mantenimiento del castillo y de su parque. Hace administrar el dominio por un intendente, emprende grandes campañas de restauración y abre oficialmente el castillo al público. Tras su muerte, en 1883, el dominio pasa por herencia a los príncipes de Borbón Parma, sus sobrinos. El castillo y el parque son propiedad del Estado desde 1930.

Chambord, entre Renacimiento e inspiración medieval

El castillo de Chambord es una de las construcciones más singulares, legadas por el siglo del Renacimiento. La arquitectura es una acertada mezcla entre los elementos tradicionales de la arquitectura medieval francesa y aquellos procedentes del Renacimiento italiano. Aunque las cuatro torres macizas que flanquean el torreón recuerden las fortalezas medievales, el diseño del castillo y los elementos innovadores que lo componen son únicos. El plano centrado del torreón, la ubicación de la escalera de doble hélice, la claridad geométrica de las fachadas y su ornamentación, la simetría de los edificios, el tratamiento de las aperturas y de las circulaciones, la presencia de bóvedas con artesonados en la segunda planta, son muchas de las novedades implementadas simultáneamente, que hacen la singularidad del monumento. Mediante ambas inspiraciones, el castillo se convierte en el instrumento perfecto de la propaganda real y el reflejo de la personalidad de su constructor. Francisco I se presenta como el rey caballero, heredero de las tradiciones francesas, pero sobre todo hombre de la modernidad, fascinado por las artes y la cultura e inspirado por los mejores artistas de su tiempo.

La influencia de Leonardo da Vinci

Aunque la identidad de su arquitecto sigue siendo desconocida, el diseño del castillo de Chambord, creación arquitectónica excepcional, parece ampliamente inspirado por el trabajo de Leonardo da Vinci. Tras la batalla de Marignano, Francisco I descubre las maravillas de la arquitectura italiana y el trabajo de Leonardo da Vinci. Cuando regresa a Francia, en 1516, Francisco I invita al genio polímata a residir en la corte de Francia, como “primer pintor, arquitecto e ingeniero del rey”. Su influencia en el diseño del proyecto de construcción de Chambord se encuentra en la comparación entre partes arquitectónicas adoptadas en Chambord y los bocetos que realizó en sus cuadernos. El plano centrado del torreón, la presencia de la escalera de doble hélice, un sistema de letrinas de doble fosa y conducto de ventilación o también el sistema de impermeabilización de las terrazas, son índices que hacen de él el inspirador de la obra de Francisco I.

Mecenazgo

Ser mecenas del dominio nacional de Chambord, es contribuir a la proyección de un monumento excepcional y de su marco único en el mundo, emblema del patrimonio mundial, que deslumbra constantemente desde hace cinco siglos a los amantes de las artes y de la naturaleza.
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